Buenos Aires
Marcelo Brodsky es un fotógrafo argentino. Hace unos años expuso una especie de ensayo fotográfico sobre la evolución personal y colectiva de un curso de alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires, marcado por la desaparición de dos de sus miembros a manos del terrorismo de estado. La pieza central era la imagen que ilustra este post, la foto clásica que todos tenemos en algún cajón y que no dejamos de mirar cada 10 años.
Martin Parr es un fotógrafo inglés, especialista como nuestro amigo rafa en descubrir perlas invisibles para el resto del mundo. La gran diferencia, creo, está en que Martin Parr practica una crítica irónica que no parece interesar demasiado a rafa.
Brodsky propuso a Parr mantener una conversación visual a través de 15 imágenes que cada uno debía elegir (podían ser previamente editadas o producidas especialmente). Fue un diálogo lento, a razón de dos imágenes por mes, en donde sobresalió la melancolía de uno y la colorida ironía del otro y sobre todo las ganas de jugar de ambos.
Las mismas ganas de jugar a distancia que siempre han sido el motor de nuestro hoy algo escuálido chaflán.
Las 30 fotografías resultantes fueron editadas en un elegantísimo libro, de esos que se compran compulsivamente, por la galería chilena AFA.
sábado, 20 de marzo de 2010
Correspondencia
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martes, 23 de febrero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
La terrorífica historia de Macarrono,el muñeco de nieve de Madrid.
Madrid.


Artículos relacionados:
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- ¡Está nevando! (en Sindrogámico).
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sábado, 2 de enero de 2010
Las heridas y el código postal.
Madrid.
Hace casi un año Chicoutimi publicó aquí uno de mis posts favoritos de eleganTe chaflán: Home. En él nos contaba que gracias a un taxista, una revista de tendencias y una canción había aprendido algo tan bonito como que el hogar está donde tienes a la persona amada. Totalmente de acuerdo. Pero dado que este blog se escribe con vocación de homenaje a eso que ET llamaba "mi casa", me apetece añadir un nuevo punto de vista. Creo que un sitio también se convierte en hogar, o al menos pasa a ocupar un lugar preeminente de tu biografía, si te haces una herida allí. Como cuando te rompen el corazón adolescente en un pueblo de veraneo y nunca olvidas el nombre del sitio, el olor de la madreselva y hasta la hora a la que tenías que volver aquella noche. Las cicatrices son topografía sentimental, códigos postales grabados sobre el cuerpo. Lo he descubierto después de quitarme las muelas del juicio en un quirófano de Madrid. Ahora, cuando se me van cayendo los hilos con los que me cosieron las encías, los miro sobre mi dedo y tengo la sensación de que pertenezco un poquito más a la ciudad. Con heridas soy más madrileño, qué cosas.
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Etiquetas: Madrid, Nostalgias
lunes, 30 de noviembre de 2009
El Niño

Buenos Aires
En un centro comercial de la periferia, frente a un local de ropa
deportiva y un Apple store, José y María velan por el Niño. Lo hacen
con amor sincero, sin prestar atención a los agnósticos que
conversan con sus celulares a pocos metros de la cuna.
El Niño no está. No sabemos si escapó asqueado por ese entorno
de mercaderes sin templo o si, presa de una duda razonable sobre la
inminencia del reino de los cielos, optó por esperarlo en un sillón de Starbucks.
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jueves, 26 de noviembre de 2009
Pisos de estudiante (homenaje a Diane Arbus).
Madrid.
Nunca me he sentido tan libre como cuando tocaba adornar mis pisos de estudiante. Durante cinco o seis años anduve de aquí para allá (Tirso de Molina, Embajadores, Príncipe Pío) compartiendo vida, pipas y salones más o menos limpios con amiguetes que hacían las veces de familia (y que todavía lo hacen). Aquellos pisos de estudiante eran una liberación estética, un experimento con el que nos vengábamos de todos esos profesores que van por la vida preguntando a los alumnos: "¿esto también lo haces en tu casa?". De la calle subíamos al salón sillones, fotos viejas o carteles con la cara de Lou Reed, forrábamos la pared con portadas del País Semanal, pegábamos pósters de señores en calzoncillos, clavábamos pizarras del Champion donde apuntábamos quién era el personaje del día. La semana pasada encontré esta foto y estas viejas sensaciones de libertad cuasi bohemia en una caja del trastero. La foto formaba parte de un altar español que n., JA y yo habíamos montado en un cuarto piso de la calle Sebastián Elcano. No sé como se llaman las niñas, pero sé que son familia lejana y eso me enorgullece. Ahora deben de tener veinte o treinta años. Su foto de comunión hacía pareja con otra de un soldado que me encontré en la calle, y con una botella de vino franquista que compramos en un restaurante del puerto de Despeñaperros. Ahora soy demasiado burgués para colocar esta foto en mi salón, pero se la voy a regalar a un amiguete que está decorando su piso con espíritu kitsch. Ah, lo del homenaje a Diane Arbus es porque ella (una de mis fotógrafas favoritas) también hacía fotos de gemelas, y ayer me regalaron un libro suyo.
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Etiquetas: Madrid, Nostalgias
viernes, 20 de noviembre de 2009
El puente de Batman
Buenos Aires
Esta mañana, mientras esperaba junto a una amable empleada del banco que se resolviera un misterioso problema de sistema (el sistema, como ultimamente mi tía Julia, se cae) miré como Batman combatía el aburrimiento (propio de un superhéroe sin villanos a la vista) armando un puente.
Me explicó con precisión de neurocirujano que pese a su tamaño aparentemente diminuto el puente permitía sortear el peligro del terrible acantilado que caía en picada hacia un mar de lava muy caliente, con monstruos como triceratops y unos malos que tenían unos sables laser dobles como los de Darth Maul que saltaban y mataban y le habían cortado el brazo al oso.
Sin entender muy bien que oso había quedado manco, agradecí la oportuna vuelta del sistema (el sistema, como Nicola di Bari, siempre vuelve) que me permitió dejar atrás el mar de lava, los triceratops, los sables laser y todas las calamidades de las que me salvo cada día gracias a mi distracción y a la acción incansable de Batman.
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