Madrid.
Confieso que soy persona propensa al tópico, y que si me escarbas en el cerebro las ideas que afloran suelen resultar previsibles. Si me dices ahora la palabra “ciudad”, por ejemplo, pienso en este blog. Pero si me la hubieras dicho cuando eleganTe chaflán todavía no existía, entonces habría pensado inmediatamente en un rascacielos. Los rascacielos son, a mi sencillo entender, la sublimación del espíritu urbanita. Cuantos más rascacielos haya en una ciudad, más ciudad me parece. Y por eso, para describir el Madrid que vivo y miro desde el autobús, era inevitable que hablase de alguno. El rascacielos de la foto es el edificio de la facultad donde estudio. O, más concretamente, el lugar donde tienen los despachos los profesores. Está situado en el extremo noroeste de la ciudad y sólo puedes llegar hasta allí por una carretera que se acaba en la puerta. Más allá sólo hay autopistas y bosque, mucho bosque. A mí me gusta porque después de tantos años le he cogido cariño, pero también porque tiene unas vistas estupendas. Y siempre que paso por la carretera que va hacia el norte, lo miro desde la ventana y le digo a quienquiera que vaya a mi lado: “mira, ésa es mi facultad”.
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lunes, 10 de diciembre de 2007
El rascacielos de mi facultad.
Publicado por
Rfa.
a las
18:43
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Etiquetas: Madrid, Rascacielos
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