Madrid.


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14:04
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Madrid.
Hace casi un año Chicoutimi publicó aquí uno de mis posts favoritos de eleganTe chaflán: Home. En él nos contaba que gracias a un taxista, una revista de tendencias y una canción había aprendido algo tan bonito como que el hogar está donde tienes a la persona amada. Totalmente de acuerdo. Pero dado que este blog se escribe con vocación de homenaje a eso que ET llamaba "mi casa", me apetece añadir un nuevo punto de vista. Creo que un sitio también se convierte en hogar, o al menos pasa a ocupar un lugar preeminente de tu biografía, si te haces una herida allí. Como cuando te rompen el corazón adolescente en un pueblo de veraneo y nunca olvidas el nombre del sitio, el olor de la madreselva y hasta la hora a la que tenías que volver aquella noche. Las cicatrices son topografía sentimental, códigos postales grabados sobre el cuerpo. Lo he descubierto después de quitarme las muelas del juicio en un quirófano de Madrid. Ahora, cuando se me van cayendo los hilos con los que me cosieron las encías, los miro sobre mi dedo y tengo la sensación de que pertenezco un poquito más a la ciudad. Con heridas soy más madrileño, qué cosas.
a las
20:29
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Etiquetas: Madrid, Nostalgias

Buenos Aires
En un centro comercial de la periferia, frente a un local de ropa
deportiva y un Apple store, José y María velan por el Niño. Lo hacen
con amor sincero, sin prestar atención a los agnósticos que
conversan con sus celulares a pocos metros de la cuna.
El Niño no está. No sabemos si escapó asqueado por ese entorno
de mercaderes sin templo o si, presa de una duda razonable sobre la
inminencia del reino de los cielos, optó por esperarlo en un sillón de Starbucks.
a las
15:29
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Madrid.
Nunca me he sentido tan libre como cuando tocaba adornar mis pisos de estudiante. Durante cinco o seis años anduve de aquí para allá (Tirso de Molina, Embajadores, Príncipe Pío) compartiendo vida, pipas y salones más o menos limpios con amiguetes que hacían las veces de familia (y que todavía lo hacen). Aquellos pisos de estudiante eran una liberación estética, un experimento con el que nos vengábamos de todos esos profesores que van por la vida preguntando a los alumnos: "¿esto también lo haces en tu casa?". De la calle subíamos al salón sillones, fotos viejas o carteles con la cara de Lou Reed, forrábamos la pared con portadas del País Semanal, pegábamos pósters de señores en calzoncillos, clavábamos pizarras del Champion donde apuntábamos quién era el personaje del día. La semana pasada encontré esta foto y estas viejas sensaciones de libertad cuasi bohemia en una caja del trastero. La foto formaba parte de un altar español que n., JA y yo habíamos montado en un cuarto piso de la calle Sebastián Elcano. No sé como se llaman las niñas, pero sé que son familia lejana y eso me enorgullece. Ahora deben de tener veinte o treinta años. Su foto de comunión hacía pareja con otra de un soldado que me encontré en la calle, y con una botella de vino franquista que compramos en un restaurante del puerto de Despeñaperros. Ahora soy demasiado burgués para colocar esta foto en mi salón, pero se la voy a regalar a un amiguete que está decorando su piso con espíritu kitsch. Ah, lo del homenaje a Diane Arbus es porque ella (una de mis fotógrafas favoritas) también hacía fotos de gemelas, y ayer me regalaron un libro suyo.
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14:25
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Etiquetas: Madrid, Nostalgias
Buenos Aires
Esta mañana, mientras esperaba junto a una amable empleada del banco que se resolviera un misterioso problema de sistema (el sistema, como ultimamente mi tía Julia, se cae) miré como Batman combatía el aburrimiento (propio de un superhéroe sin villanos a la vista) armando un puente.
Me explicó con precisión de neurocirujano que pese a su tamaño aparentemente diminuto el puente permitía sortear el peligro del terrible acantilado que caía en picada hacia un mar de lava muy caliente, con monstruos como triceratops y unos malos que tenían unos sables laser dobles como los de Darth Maul que saltaban y mataban y le habían cortado el brazo al oso.
Sin entender muy bien que oso había quedado manco, agradecí la oportuna vuelta del sistema (el sistema, como Nicola di Bari, siempre vuelve) que me permitió dejar atrás el mar de lava, los triceratops, los sables laser y todas las calamidades de las que me salvo cada día gracias a mi distracción y a la acción incansable de Batman.
a las
21:33
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Buenos Aires
Agatha Ruiz de la Prada me fastidia. Me fastidian sus corazoncitos, sus flores pasteles y su alegría boba como me fastidiaba en su tiempo el redundante El amor es....
Los tiempos han cambiado desde el reinado de los posters con atardeceres y frases intensas como El amor cuando cabe en una sola flor es infinito, pero sorprendentemente nuestro actual cinismo de rigor se deja seducir por esta Sarah Kay pop que inunda el mundo con cuadernos, llaveros y espejitos de colores.
En Buenos Aires estábamos razonablemente protegidos de los corazones fofos de Agatha hasta que el gobierno de la Ciudad, en un rapto de creatividad pocas veces visto, cedió unos muros para que la marca del corazón pudiera publicitar su nueva pesadilla colorida. Escapé desesperado a Santiago de Chile pidiendo asilo pero me encontré, justo frente al restaurante en donde suelo almorzar, un nuevo y alegre mural (el de la foto).
El poder del enemigo es infinito.
Próxima entrega: Odio a Botero.
a las
19:16
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Buenos Aires
Entre las muchas reacciones de indignación que el DT de la selección argentina causó con sus últimas declaraciones, las más sugestivas fueron sin duda aquellas que se lamentaban de la penosa imagen que ofrecíamos al mundo. La preocupación por la imagen que damos es una de nuestras eternas inquietudes.
¿Y como nos ven allá? es el prólogo imperioso a todo diálogo con un extranjero, incluyendo en ese rubro a los argentinos que vuelven de un fin de semana largo en Montevideo.
A diferencia de los norteamericanos, para quienes la percepción del otro es un tema casi tan irrelevante como el otro mismo, los americanos nacidos al sur del río Grande padecemos de una necesidad crónica de reconocimiento.
Y es justamente esa la paradoja de Maradona, quien es crucificado luego de haber realizado el sueño de todos, es decir que el Mundo Mundial nos detecte, nos ubique en el mapa, en alguna parte entre Río de Janeiro y Nueva Zelanda.
Luego de haberlo logrado, no soportamos que esa imagen sea la de un lumpen llegado a más, alguien que nada tiene que ver con el refinamiento legendario que es nuestra marca de fábrica.
La gente decente preferiría destacarse en ese Mundo Mundial a través de personajes realmente representativos. Como el senador Reutemann, ex-piloto de Formula 1 y eterno candidato mudo a la presidencia que manifestó su disconformidad política invitando a sus detractores a que se recontrametan en el medio del culo su candidatura. O el diputado De Narváez, rico heredero y exitoso rival del oficialismo en las últimas elecciones parlamentarias, quien explicó en un lenguaje llano que la gente le agradecía haberle roto el culo a los pingüinos (el gobierno).
Los medios por supuesto no sepultaron a ninguno de los dos, justificándolos incluso por un malhumor al fin y al cabo comprensible. Como los bancos que solo prestan a quienes no lo necesitan, esta sociedad injusta reserva las violentas metáforas sexuales para quienes nacieron refinados.
a las
16:11
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