miércoles, 20 de febrero de 2008

La ciudad de uno



Buenos Aires

Hace un tiempo un amigo afirmó como si fuera una verdad bíblica que la nacionalidad era un concepto falso o al menos exagerado. Que alguien podía a duras penas sentirse parte de una ciudad pero que el sentimiento de pertenecer a algo tan vasto y difuso como un pais era una entelequia.

Más allá de las certezas de mi amigo es cierto que el amor hacia el país natal no está hecho de la misma materia que el amor que sentimos hacia la ciudad de nuestra infancia. Creo que la clave del misterio está en una verdad de perogrullo que se le escapa a los facistas de turno, que sueñan con limpiar sus naciones de impurezas foráneas: antes de nacer en paises, nacemos en ciudades. Nuestros primeros recuerdos son recuerdos de calles, de esquinas (de chaflanes), de veredas y de plazas. No de regiones, provincias o autonomías.

Leyendo un posteo enterior (La ciudad global) pensé que tal vez algun día esos recuerdos sean también globalizados. Así como hoy recuerdo el cine Gran Norte de mi infancia, tranformado primero en supermercado y luego en un extraño local de venta de futones y n. tiene en su memoria al Capitol o al Palafoxtal que me son ajenos, tal vez mi hijo de 3 años comparta algún día el recuerdo de un Starbucks con un chico de Bombay que nunca conocerá.

Aunque es probable que el futuro sea más indulgente de lo que pensamos lo cierto es que, como escribió Baudelaire mucho antes que se abriera el primer Mac Donald's en Paris, lamentablemente la forma de una ciudad cambia más rápido que el corazón de un mortal. Creo que esa es la razón por la solemos enemistarnos con la ciudad en donde nacimos. Queremos que sea la misma, que podamos por la misma vereda encontrar la misma plaza o la misma heladeria, el mismo cine, los mismos amigos o la misma novia (aquella rubia que usaba trenzas o la vecina del 3°B).



Algo de eso le pasa a Thomas Dutronc en J'aime plus Paris. Después de lanzar quejas e ironías sobre la supuesta decadencia de su ciudad, termina por declararle su amor incondicional.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Retrospektive Berlinale 2008: Luis Buñuel.

Berlín.
Allá por los años veinte, frente a una cámara de cine, Luis Buñuel en calidad de actor cortaba un ojo con una cuchilla de afeitar, a la vez que una nube, en un instante poético, hacía lo propio con la luna. Esta ha sido una de las imágenes más perennes de la historia del cine, y para Luis Buñuel una de las primeras imágenes de una carrera cinematográfica que incluye más de 30 películas, con un máximo común denominador en casi todas ellas: el surrealismo; este y la religión, comentaba el propio Buñuel, eran las dos cosas que más le habían influido en su vida.

La 58ª edición del Festival Internacional de Berlín, la Berlinale, homenajea en su sección Retrospektive a este aragonés natural de Calanda. Sus películas, así como otras en las que participó como asistente de dirección, guionista y/o productor, podrán verse a lo largo del festival en el CinemaxX de Potsdamer Platz y la Zeughauskino. Así mismo habrá coloquios, debates y conferencias. Y tal y como es costumbre en la Berlinale, la Deutsche Kinemathek (La Filmoteca Alemana) editará un libro sobre la retrospectiva, publicación que podrá adquirirse en los diferentes puntos de venta abiertos durante el festival y en la tienda del Museo de Cine de Berlín, sita en Potsdamer Platz.

Tanto se ha comentado ya sobre esta figura que no voy a ir más allá de la recomendación, si todavía no lo habéis leído, de Mi último suspiro, escrito por Buñuel con la ayuda de Jean-Claude Carrière, quien durante muchos años recopiló un extenso material de entrevistas y conversaciones.

Cuando, ya hace muchos años, comencé a sentir pasión por el cine, fue gracias a su cine, al ver sus dos primeras películas (Un perro andaluz y La edad de oro) aluciné y no paré de preguntarme: ¿pero todo esto se puede hacer con el cine?, ¿de verdad?...". Y tú, ¿tienes algún nombre o película con los que hayas dicho para con el cine: "...presiento que este es el comienzo de una gran amistad..."?

Si quieres leer sobre la edición de este año de la Berlinale, date una vuelta por Sindrogámico, un ladrillo inmenso te espera.

domingo, 27 de enero de 2008

La extrañeza de lo cotidiano

Liverpool

Una de las cosas de las que se enorgullece Liverpool (y con razón) es de ser la ciudad británica con mayor número de museos y galerías de arte, después de Londres. Y también pueden sentirse orgullosos de que la mayoría (o incluso todos, hasta donde alcanza mi conocimiento) sean gratuitos.

Entre ellos se encuentra la Tate Liverpool (una de las cuatro galerías Tate del Reino Unido), dedicada principalmente al arte moderno y contamporáneo, y en la que hasta principios de abril se puede visitar la exposición "The twentieth century. How it looked and how it felt", gracias a la que he descubierto a Mona Hatoum, una artista polifacética cuyas esculturas producen un desasosiego sutil pero incisivo. Como ejemplo os traigo esta silla de ruedas, fría, hostil, y que provoca un escalofrío cuando se la mira con más detenimiento.
Mona Hatoum es una artista comprometida, política y feminista, pero, sobre todo, marcada por el exilio: ya era una refugiada al nacer, pues sus padres, palestinos, tuvieron que emigrar a Beirut. Más tarde, la guerra civil libanesa la sorprendió de vacaciones en Londres, y ya no volvió nunca a casa.
Hatoum, en sus esculturas, convierte objetos domésticos en elementos inquietantes; el hogar dejó de ser el lugar en el que sentirse feliz y seguro, es algo ajeno y extraño, una prisión, una amenaza. Una desoladora realidad de muchos desplazados, y especialmente, de muchas mujeres.

domingo, 20 de enero de 2008

La ciudad global

En su último libro, The life and times of the thunderbolt kid, Bill Bryson recuerda y homenajea la ciudad de su niñez, Des Moines -Iowa- en los años 50, y además de ofrecernos multitud de momentos divertidos, nos deja este nostálgico final, que no ha podido pasar por alto en eleganTe chaflán, cuya razón de existir es compartir lo que hace a nuestras ciudades únicas y especiales [el libro está en inglés, así que me arriesgaré con una traducción un poco libre]:
"Desde luego, buena parte del Des Moines en el que crecí ya no existe. Los viejos cines del centro fueron los primeros en desaparecer [...] Ahora, si quieres ver una película tienes que conducir a las afueras, al centro comercial, donde podrás elegir de entre una docena de películas, pero siempre en una pequeña pantalla [...]
Todas las tiendas del centro cerraron una a una [...]
Así funciona el mundo, por supuesto. Nos deshacemos de nuestras posesiones. La vida sigue. Pero a menudo pienso que es una pena que no hayamos mantenido las cosas que nos hacían diferentes y especiales en los 50. Imagina esos cines palaciegos del centro, con sus enormes pantallas y decoración egipcia, pero reavivados con excitante sonido Dolby y brillantes animaciones por ordenador. Imagina tener todos los establecimientos en el corazón de la ciudad, sintiendo el aire fresco y la luz del día al pasar de uno a otro [...]
Ése sería un mundo maravilloso."

Seguro que todos echamos de menos algún local que contribuyó a nuestra felicidad en algún momento, y cuya desaparición era algo inconcebible hace años. Hoy quizá sea una inmobiliaria, una oficina bancaria, o quién sabe, incluso un nuevo sitio especial.

martes, 15 de enero de 2008

Avistamiento II

Berlín.


















Ich liebe dich - I love you too
Música: You better go now - Billie Holiday

Lugar de avistamiento: Treskow Brücke (Edisonstrasse, Berlín).

lunes, 14 de enero de 2008

Liverpool 2008

Desde el viernes 11 de enero vivo oficialmente en la capital europea de la cultura! (Bueno, en una de ellas, puesto que este año, Liverpool comparte capitalidad con dos ciudades noruegas, Stavanger y Sandness.)

A las 20.08 h (los liverpoolianos son la mar de ingeniosos) comenzó el acto de apertura de este año que se promete repleto de arte, conciertos, teatro e intelectualidad. Una multitud se reunió frente a la plaza del edificio St. George, el antiguo y señorial ayuntamiento de estilo neoclásico, para contemplar imágenes de la ciudad, sus lugares y su historia, escuchar coros de voces angelicales, y divertirse con las acrobacias de unos escaladores que pendiendo del arnés jugaban a zambullirse en mares fictios y nadar con el submarino amarillo. Después aparecieron, como representación del presente y el pasado musical de la ciudad, The Wombats y Ringo Starr con Dave Stwart, adornados por un grupo de escaladores que, encaramados a los tejados de St. George y otro edificio cercano, fingían tocar diversos instrumentos. [Curiosa la canción interpretada por el ex-Beatle, en la que cantaba "Liverpool I love you/Liverpool I left you/but I'll never let you down" (?) En fin...]

Sólo una canción cada grupo, puesto que el sábado se celebraba un concierto multitudinario (sold out; no pude asistir) en el nuevo estadio Echo Arena con la Orquesta Filarmónica de Liverpool y glorias del pop local (ya fueran en persona o a través de sus canciones), como The Farm, Frankie goes to Hollywood, John Lennon y de nuevo, the Wombats y Ringo Starr; las actuaciones, además, estaban sincronizadas con proyecciones sobre la ciudad. Mención especial para Echo and the Bunnymen, que interpretaron Nothing lasts forever mientras se pasaban imágenes de Liverpool bombardeada tras la 2ª Guerra Mundial (sólo de imaginármelo se me eriza el vello). Si alguien está interesado en la crónica de este concierto, puede leer una reseña aquí.

Aunque apenas hemos arrancado, la respuesta de los liverpoolianos (de origen y de adopción) ha sido cálida y masiva. Este año como capital cultural europea puede suponer para Liverpool una parcial recuperación de sus lejanos días de gloria, y una renovada ilusión para su gente de volver a sentirse importante. De momento, yo voy a indagar qué mas se va a disfrutar por aquí en los próximos meses...

martes, 8 de enero de 2008

Los tejados de Madrid.

Madrid.
Madrid tiene fama de pueblo grande, y no es una fama infundada. Entre otras cosas, porque tiene más tejados que azoteas. Esta fotografía, por ejemplo, es una imagen de los barrios del centro, justo detrás de la Gran Vía. Son barrios de callejones y cuestas, con iglesias escondidas y alguna que otra plaza dispersa entre los edificios viejos. Los nombres de estos barrios y estas calles, además, ostentan la contundencia y la sencillez del casticismo más inveterado: Malasaña, Luna, Barco, Madera o Desengaño. Siempre he pensado que esos nombres tienen resonancias literarias, caprichosas, más propias de un pueblo pequeño que de una capital. Y me encanta perderme en paseos distraídos para leer las placas de las calles. En la foto, por supuesto, no se identifican los lugares, pero he querido que sea lo suficientemente grande como para que cualquiera pueda pinchar en ella y mirar bien el panorama. Y de paso, todo el mundo está invitado a describir el techo de su ciudad. ¿Antenas? ¿Cúpulas? ¿Helipuertos, quizás? Por muy poco que frecuentemos nuestras alturas, estoy convencido de que dicen mucho del lugar donde vivimos. O al menos, de cómo lo vemos nosotros.