lunes, 14 de julio de 2008

El café de la esquina.

Berlín.
Si hace ya tiempo hablé de El restaurante de la esquina, ahora le ha tocado a El café de la esquina, "paradigma convertido en institución", como bien comentaba Rinconete en su post 'El bar de la calle Rodney'. A escasos cincuenta metros espacialmente, o temporalmente a un minuto escaso, tengo el Mano Café, y el sábado celebraba su primer aniversario; curioso, tiene la misma edad que la que llevo yo aquí en Berlín.

Qué puedes pedirle a un café-bar, mmm, veamos, que sea acogedor (como solamente los bares de Berlín saben serlo), que no sea caro, que la gente que lo lleve sea agradable, que pongan buena música... vale, es pedir demasiado, pero todo eso y más reúne este lugar, como por ejemplo, los jueves por la noche de cada semana, así por la cara, sin cobrar, música en directo, y de mi asistencia a algunos de estos conciertos sólo guardo en la memoria buenos recuerdos.

Aquí en Berlín, algunas cosas parecen sacadas de un cuento, sobre todo si has vivido en Madrid, en el Madrid de los últimos quince años, donde existe una tendencia enfermiza y peligrosa hacia la prohibición, y no culpo de ello sólo a la clase política sino a nosotros mismos sus ciudadanos... me estoy yendo por las ramas. Hablaba yo del aniversario del Mano Café y decía que en Berlín con ciertas cosas tienes que frotarte los ojos para ver que son ciertas: gente bebiendo en el exterior, sentada en el césped (con un nivel de ruido justo), mientras disfrutas de música en directo en la propia calle (acordeones, violines, contrabajos, banjos, voces, percusiones...), buffet gratis en el interior, tercios de cerveza a euro y medio. Cuando ya se hace tarde y no conviene molestar mucho a los vecinos, fiesta dentro, más y más música en directo y si todavía te quedan fuerzas, música electrónica como final. Pienso en Madrid, mi ciudad, y me pongo triste, porque no entiendo cómo la hemos dejado irse, cómo hemos dejado que los políticos de turno nos la arrebaten, porque una ciudad, si de alguien es, es de sus ciudadanos.

En fin, que al final me he vuelto a ir por las ramas. Hoy el Mano Café regresaba a su tranquila normalidad, esa de tenues colores y velas alumbrando tu espacio, a esa tranquilidad de ver al fondo, a través de sus ventanas, mientras oyes deliciosas notas, pasar el tren amarillo del metro por la plaza.

Salud y larga vida a los cafés acogedores, a la música en directo, y a las ciudades, sobre todo a las ciudades.

video

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Preciosas imágenes, acogedor post

chicoutimi dijo...

Qué envidia me has dado, mikto!
Por la música y por lo que cuentas del ambiente berlinés, más libre, sí, pero parece que también más respetuoso.
Porque aunque no te has querido desviar de la cuestión, estoy de acuerdo con tu apunte de que los culpables de la muerte de la vida callejera, no sólo en Madrid, sino en muchas ciudades españolas, no son sólo los políticos, sino también nosotros. No digo que la clausura de salas, bares, las horas cada vez más tempranas de cierre o la dificultad para estar en la calle se basen en la gran preocupación que tienen los políticos por la salud de sus ciudadanos, pero nuestra falta generalizada de consideración hacia el espacio ajeno les dio la excusa perfecta para recuperar la política de las prohibiciones. Se lo pusimos en bandeja.

NáN dijo...

Da una cierta sensación de cuento agradable lo que dices.

Me alegro que hayas podido disfrutar de eso.

Aquí, en Madrid, aunque nosotros seamos unos borregos, la causa del secarral está muy unida a un tipo de hacer política neoliberal unido a mafias especuladoras: sé de qué me hablo (aunque no pueda escribirlo). Lo único que importa es hacer dinero y, como los sitios agradables no lo generan, todo va hacia las prohibiciones y cierres.

Este asunto se merecería un post que sería impublicable. Pero las cosas son lo que son por lo que son. Eso de pensar que porque das a un botón se enciende la luz, sin más, es ocultar el 999 x 1000 de la historia.

¡Ay, qué envidia me das!

rinconete dijo...

Amigo mikto
Si en febrero seguís en Berlín, te voy a pedir que me lleves a este excelente café de la esquina para escaparle al paraiso artificial de Potsdamer Platz y aledaños.

mikto kuai dijo...

Anónimo, me alegra que el post te haya aportado esas sensaciones :)

Chicoutimi, no has podido explicarlo mejor: si no tenían suficiente con el olor a dinero, vamos nosotros y se lo ponemos en bandeja.

Es una pena lo que comentas Nán, pero así es. Casi todo se ha convertido en puro dinero, especulación, ya prácticamente (entiendaseme, algunas hay) no existen iniciativas en Madrid por y para los ciudadanos sin mirar el lucro tan descaradamente. Lo que yo he visto diferente aquí en las fiestas de mi barrio es su manera de enfocarlas: no se trata de vamos a forrarnos poniendo las bebidas y comidas cuatro veces más caras, es (con su poquito de lucro, que también lo hay) vamos a disfrutar de estar aquí todos juntos y pasémonoslo bien.

Ya me contarás ese post impublicable a viva voz en septiembre Nán ;) Porque por esas fechas vuelvo para quedarme en Madrid, no sé cuanto aguantaré esta vez...

Ya sabes Rinconete que para mi sería un placer llevarte al café de la esquina. Como creo que te comenté en la pasada Berlinale Berlín es, más que su centro, los barrios que hay alrededor de él. Pero como le decía a Nán, vuelvo a Madrid, aunque dejo la puerta de Berlín entreabierta, no me extrañaría volver...

chicoutimi dijo...

Triste anuncio en verdad para nuestro eleganTe chaflán, mikto. Aunque te podré ver más ;-)

mikto kuai dijo...

Así es Chicoutimi, pero hay veces que hay que tomar ciertas decisiones drásticas para no quedarse estancado. Voy a dejar huérfano de un chaflán al blog, pero si eso significa veros más no tengo duda: ¡elijo veros más! ;)