Liverpool

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Etiquetas: Liverpool, Lugares comunes
Buenos Aires
El Jardín Japonés es una pequeña maravilla ubicada dentro de los Bosques de Palermo, una gran maravilla de esta ciudad. Es posible que el haber nacido a pocas cuadras de ahí, haber aprendido a caminar entre sus bancos, haber demostrado sobre su césped mi absoluta ineptitud para el deporte en general y el fútbol en particular, haber padecido allí fiestas estudiantiles escuchando al inevitable Silvio Rodriguez y su traspapelado Unicornio o cantado sobre tomates, latas y la mujer del obrero, además de que hoy siga intentando cada tanto correr más de cien metros alrededor de sus lagos no haga de mi un observador imparcial.
De imparcial, no mucho. Los Bosques de Palermo son para mi el centro del universo, mi lugar en el mundo. Ver los jacarandá en flor es una experiencia que no debería serle negada a nadie. Es más, alguna convención internacional tendría que garantizar ese derecho.
Hace un par de años, en una celebración en el Jardín Japonés escuchamos a una joven japonesa cantar con una voz cristalina canciones tradicionales de su país, vestida con una explosivo kimono de flores. Al terminar, siguió parada en el puente rojo del jardín y luego de esperar un par de minutos, arrancó con una de las mejores intrepretaciones que yo haya escuchado de El día que me quieras de Gardel.
Recordé esa tarde cuando miré el video del extraño recital de un cantante argentino y uno japonés, en ese mismo lugar. Alfredo Casero grabó en Argentina Shima uta, una canción de Miyazawa, escuchada por casualidad en un restaurante japonés. El resultado fue un éxito sorpresivo que culminó con la visita a Buenos Aires del asorado autor que, a diferencia de la bella cantante, ni siquiera sospechaba el español, así como Casero solo conocía el japonés fonético de la canción.
Tanto la porteña en kimono como Casero cantando en japonés me producen una mezcla de placer y emoción. Vaya uno a saber si no es aquello aprendido en la escuela, del crisol de razas, de la tierra de inmigrantes y demás tópicos. Pero en todo caso, al menos en mi, aún funciona.
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5:17
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Etiquetas: Buenos Aires
Liverpool
Vale, no son de Liverpool. Se pueden escuchar en cualquier parte. Pero hay canciones que, por una razón un otra, aparecen con fuerza en un momento dado. Yo estoy teniendo muchas desde que llegué, y he decidido empezar a incluirlas como una parte fundamental de mi experiencia inglesa, porque sé que cuando vuelva a escucharlas, dentro de un tiempo, me transportarán aquí de nuevo.
Alphabeat - Fascination
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17:28
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Berlín.
Si hace ya tiempo hablé de El restaurante de la esquina, ahora le ha tocado a El café de la esquina, "paradigma convertido en institución", como bien comentaba Rinconete en su post 'El bar de la calle Rodney'. A escasos cincuenta metros espacialmente, o temporalmente a un minuto escaso, tengo el Mano Café, y el sábado celebraba su primer aniversario; curioso, tiene la misma edad que la que llevo yo aquí en Berlín.
Qué puedes pedirle a un café-bar, mmm, veamos, que sea acogedor (como solamente los bares de Berlín saben serlo), que no sea caro, que la gente que lo lleve sea agradable, que pongan buena música... vale, es pedir demasiado, pero todo eso y más reúne este lugar, como por ejemplo, los jueves por la noche de cada semana, así por la cara, sin cobrar, música en directo, y de mi asistencia a algunos de estos conciertos sólo guardo en la memoria buenos recuerdos.
Aquí en Berlín, algunas cosas parecen sacadas de un cuento, sobre todo si has vivido en Madrid, en el Madrid de los últimos quince años, donde existe una tendencia enfermiza y peligrosa hacia la prohibición, y no culpo de ello sólo a la clase política sino a nosotros mismos sus ciudadanos... me estoy yendo por las ramas. Hablaba yo del aniversario del Mano Café y decía que en Berlín con ciertas cosas tienes que frotarte los ojos para ver que son ciertas: gente bebiendo en el exterior, sentada en el césped (con un nivel de ruido justo), mientras disfrutas de música en directo en la propia calle (acordeones, violines, contrabajos, banjos, voces, percusiones...), buffet gratis en el interior, tercios de cerveza a euro y medio. Cuando ya se hace tarde y no conviene molestar mucho a los vecinos, fiesta dentro, más y más música en directo y si todavía te quedan fuerzas, música electrónica como final. Pienso en Madrid, mi ciudad, y me pongo triste, porque no entiendo cómo la hemos dejado irse, cómo hemos dejado que los políticos de turno nos la arrebaten, porque una ciudad, si de alguien es, es de sus ciudadanos.
En fin, que al final me he vuelto a ir por las ramas. Hoy el Mano Café regresaba a su tranquila normalidad, esa de tenues colores y velas alumbrando tu espacio, a esa tranquilidad de ver al fondo, a través de sus ventanas, mientras oyes deliciosas notas, pasar el tren amarillo del metro por la plaza.
Salud y larga vida a los cafés acogedores, a la música en directo, y a las ciudades, sobre todo a las ciudades.
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23:37
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Etiquetas: Berlín
Madrid.
Cuando uno viaja, el sitio donde se queda a dormir pasa a ser una especie de prolongación de su casa. Siempre que yo llego a un hotel o monto la tienda de campaña, por ejemplo, necesito practicar el ritual de la hogarización: saco las chanclas y el viejo neceser, vacío la mochila, escondo el dinero... y es como si nunca hubiese salido de Madrid. A continuación siempre miro por la ventana. Al otro lado lado del cristal está el mundo raro, nuevo, desconocido, y a este lado están el confort y la tranquilidad que proporcionan unas chanclas gastadas. Es un contraste muy estimulante entre lo viejo y lo nuevo, entre lo propio y lo ajeno, ¿no os parece? Esa primera impresión siempre se me queda muy grabada. Hay ciudades maravillosas que en mi cabeza están asociadas al patio de luces del hotel cochambroso donde me alojé cuando las visité, o a un cartel de neón que se colaba por los visillos, o al ruido de los bares de abajo. Cuando fui a Buenos Aires, la primera imagen que tuve de la ciudad fue la de este maravilloso chaflán de San Telmo. Es lo que se veía desde la ventana del piso de un amigo que me acogió, justo entre las calles Defensa y Estados Unidos. Aquí fue donde se decían buenos días en mi cabecita, cada mañana, Madrid y Argentina. Y ahora que estoy publicando una serie sobre aquel viaje en mitte, me ha parecido interesante contároslo. Si os apetece ver ésta y otras fotos porteñas a mejor calidad, os invito a que visitéis mi fotolog.
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22:58
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Etiquetas: Madrid
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Andaba preparando una entrada musical, cuando he sabido por nuestro amigo Miguel de Carne Digital de la muerte de Sergio Algora, alma de El Niño Gusano y La Costa Brava. Así que he cambiado de canción. Perdonad que no haya encontrado una versión mejor.
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17:36
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11:48
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