Barranco, 12 h. (26 de mayo de 2010).
Buenos Aires
Un amigo me contó que siendo adolescente, en plena dictadura militar, después de jugar al fútbol con unos amigos intentó tomar un colectivo para volver a su casa. El chofer, indignado por sus pantalones cortos, se negó a llevarlo y lo hizo bajar.
Una tarde, también en aquella época, mi tío volvió a casa tan indignado como el colectivero. Tardé un rato en entender el relato que nos hizo, entrecortado de insultos furiosos. Había visto a una pareja de adolescentes besándose en el banco de una plaza. No hizo falta mucho más que eso para que mi tío, un ciudadano modelo, se atreviera a amenazar físicamente al enamorado, que huyó despavorido junto a su amiga.
Mi hermano, a finales de la dictadura, decidió acostarse sobre el pasto de la plaza Francia a tomar sol. Un patrullero frenó ruidosamente a unos metros y un oficial que consideraba que no tenía tareas más imperiosas para hacer, le gritó que se abrochara la camisa.
Es improbable que la junta militar haya establecido códigos urbanos específicos para impedir tomar un transporte público en pantalones cortos, besarse en una plaza o abrirse la camisa para tomar sol. De eso se ocupaban las ligas menores, los ciudadanos decentes, esos que definen el sentido común, el hacer las cosas como se debe o mejor, como Dios manda.
Se ha escrito mucho sobre los grandes estragos de la dictadura, sobre sus calamidades sangrientas. Mucho menos sobre el día a día de ese tenue fascismo.
Foto de Roberto Pineda
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1:38
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Liverpool
Hace mucho que no escribía sobre Liverpool, porque hace mucho que me marché, y cada vez que he intentado retomar el chaflán me ha entrado nostalgia y pena.
Recientemente se ha encajado la última pieza que faltaba de mi nueva etapa (= el trabajo), y eso me ha hecho sentir necesidad de escribir de nuevo sobre la ciudad que añoro. Me ha parecido que volver al aeropuerto era apropiado, pues al fin y al cabo es el primer y último sitio en el que estuve.
Una cosa que me gustaba hacer cuando embarcaba con tiempo, y que recomiendo a todo usuario del John Lennon Airport, era visitar la exposición de fotografías de Harry Goodwin, todo un Hall of Fame en el sentido estricto de la expresión. En la sala de espera de las puertas 1-10 (si no han cambiado la ubicación) se reunen decenas de retratos de músicos, cómicos y actores, la mayoría realizados hasta finales de los 70 ó principios de los 80. Y en la zona de las puertas 30-32 se pueden ver fotos de los Fab Four realizadas por el mismo artista.
Sobra decir que siempre me quedaba en las puertas 1-10.
La foto que os presento es una composición y me da igual que se noten los favoritismos.
Premio para el que acierte todos.
a las
10:40
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Etiquetas: Gentes, Liverpool, Lugares comunes
Florencia
Piazza della Repubblica, cerca del mediodía.
Encontrado en la red.
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19:34
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Etiquetas: Diseño Urbano
Buenos Aires
En primer grado, hacia fines del siglo XVII, recibí clases de manualidades. Fue en una escuela, mixta desde no hacía mucho, en la que intentábamos sobrevivir dos varones rodeados de quince o veinte nenas. Las manualidades, que históricamente habían consistido en clases de bordado, incluían desde nuestra llegada una actividad más acorde a nuestra condición de hombres: lijábamos cubos de madera.
Aburrido de una tarea inútil para la que alcanzaba el bulbo raquídeo y sobraba el cerebro, pedí aprender a bordar. Solo obtuve una respuesta seca y mi madre un comentario alarmado.
La semana pasada, durante el debate parlamentario sobre el proyecto de ley de matrimonio gay, un senador se opuso a la iniciativa alegando que si no mañana alguien se va a poder casar con un perro o con un burro. Una de sus colegas argumentó con acierto que la esposa del senador ya había incurrido en la segunda de las opciones.
Recordé los viriles e inútiles cubos lijados e imaginé que el senador probablemente haya abusado de aquella tarea.
a las
21:33
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Buenos Aires
Voltaire tardó casi un mes en enterarse del terremoto que destruyó Lisboa en 1755.
Cuando en 1806 la noticia de la caída de Buenos Aires a manos de las tropas británicas llegó a Londres, la ciudad ya había sido liberada por sus habitantes.
Antes de ser reemplazado por el telégrafo, el Pony Express revolucionó la circulación de información en Estados Unidos uniendo las costas atlántica y pacífica en menos de dos semanas.
En un café de Buenos Aires supe, al instante en que ocurría, que una de las Spice Girls se había cortado el pelo como un mohicano para participar de una fiesta en Nueva York.
La velocidad de la nimiedades suele potenciarlas, como escribió el viejo Thoreau hace 150 años.
a las
17:05
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